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Sobre los sesgos del psicoterapeuta

Nadie está libre de sesgos cognitivos, ni siquiera en consulta. Un repaso a los sesgos que más silenciosamente distorsionan nuestras decisiones clínicas — y por qué supervisarnos no es opcional.

AutorMarcos Ochoa
SerieLectura #2
Lectura10 min
Ícono de la serie: cerebro y bombilla
Idea central

Los sesgos cognitivos no desaparecen con la experiencia clínica; solo se disfrazan de confianza. Reconocerlos y supervisarlos activamente es parte del compromiso ético del psicoterapeuta, no un lujo opcional.

01 Nadie está libre de sesgos

Muchos de nosotros decimos que somos objetivos. Que intervenimos con evidencia y que nuestra prioridad es el paciente. Pero lo cierto es que nadie —ni tú, ni yo— está libre de sesgos. Y en psicoterapia, los sesgos cognitivos pueden interferir incluso en una intervención clínicamente bien diseñada.

"Los errores sistemáticos del pensamiento no desaparecen con la experiencia, a menos que sepamos que están ahí." — Kahneman (2011)

Y en nuestra práctica clínica, no reconocer qué sesgos tenemos puede llevarnos a tomar decisiones que parecen correctas, pero no lo son.

02 Los sesgos que aparecen en consulta

Sesgo de confirmación

Puede hacernos buscar solo lo que valida nuestra hipótesis clínica o nuestro modelo favorito. Si trabajamos desde ACT, podemos ver evitación en todo; si usamos TCC, todo se convierte en creencias disfuncionales (Nickerson, 1998).

Efecto halo

Puede llevarnos a sobreestimar a pacientes que son articulados, simpáticos o que piensan como nosotros, y a subestimar a quienes no encajan con nuestro pensamiento (Nisbett & Wilson, 1977).

Sesgo ideológico

Aparece cuando, sin quererlo, validamos o invalidamos a un paciente según su posición política, religiosa o estilo de vida. Eso no es neutralidad clínica: es filtro personal.

Sesgo moral

Puede afectar nuestra capacidad de trabajar con personas que tienen estilos de vida o prácticas que nos resultan incómodas. Esto no es ética profesional, sino moral personal disfrazada de intervención.

Sesgo de disponibilidad

Puede hacernos sobrevalorar problemas que hemos visto recientemente. Si atendimos un TOC de daño hace unos días, es fácil que otro paciente con culpa nos active la misma categoría. "La mente accede primero a lo que es más disponible, no necesariamente a lo más representativo" (Kahneman, 2011).

Sesgo de anclaje

Puede mantenernos atados a la primera hipótesis que formulamos en la sesión 1, incluso cuando los datos posteriores ya no la sostienen.

Sesgo narrativo

Nos puede hacer creer que necesitamos comprender toda la historia del paciente antes de intervenir, como si esto fuera más importante que el cambio — lo que Kahneman llama la ilusión de comprensión.

Exceso de confianza

Podemos asumir que estamos haciendo un buen trabajo solo por los años de experiencia o porque el paciente no se queja. De hecho, Walfish et al. (2012) demostraron que la mayoría de profesionales de salud mental tienden a sobreestimar su desempeño clínico frente a sus pares.

03 El sesgo más invisible

Uno de los sesgos más invisibles es cuando evitamos intervenir porque nos incomoda emocionalmente. No es que el paciente no esté listo: somos nosotros los que no sabemos cómo manejarlo. Wachtel (2011) lo resume bien: saber qué decir y cuándo decirlo no es solo cuestión de técnica, sino de comunicación terapéutica real.

Croskerry (2003), desde la medicina, demostró que los errores cognitivos no surgen solo por desconocimiento, sino por sesgos no supervisados. En psicoterapia ocurre lo mismo: muchas veces no es falta de preparación, sino falta de revisión interna y supervisión.

04 Supervisarnos no es opcional

Todos tenemos sesgos. El problema no es tenerlos. El problema es no verlos, no hablar de ellos, no supervisarlos. Y cuando eso ocurre, el riesgo no es solo clínico: también es ético, porque podemos terminar culpando al paciente por no avanzar, en lugar de preguntarnos qué estamos haciendo nosotros.

Leer estudios está bien. Pero tener pensamiento crítico es mucho mejor.

Si nuestro marco teórico es más rígido que nuestra capacidad de dudar, ya no estamos haciendo psicoterapia: estamos ejecutando una creencia, no una PBE. Por eso nuestra tarea es tratar de ser objetivos y supervisarnos en la medida de lo posible.

Referencias
  1. Croskerry, P. (2003). The importance of cognitive errors in diagnosis. Academic Medicine, 78, 775–780.
  2. Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.
  3. Nickerson, R. S. (1998). Confirmation bias: A ubiquitous phenomenon in many guises. Review of General Psychology, 2(2), 175–220.
  4. Nisbett, R. E., & Wilson, T. D. (1977). The halo effect: Evidence for unconscious alteration of judgments. Journal of Personality and Social Psychology, 35(4), 250–256.
  5. Wachtel, P. L. (2011). Therapeutic Communication: Knowing What to Say When. Guilford Press.
  6. Walfish, S., McAlister, B., O'Donnell, P., & Lambert, M. J. (2012). An investigation of self-assessment bias in mental health providers. Psychological Reports, 110(2), 639–644.